Florescano, Enrique

 

Los instrumentos que utilizó la memoria indígena para transmitir sus mensajes fueron muy variados: la sencillez del lenguaje oral, la belleza plástica del lenguaje del cuerpo, las luces y sombras de la arquitectura, el sonido de la música y sus cantos. A través de estos medios llegaron hasta nosotros los ritos, las tradiciones y la historia de una cultura milenario, y así hemos podido descubrir los ríos profundos que transportan los valores de seres humanos distintos a nosotros, pero nunca ajenos a nuestro origen. En las culturas mesoamericanas, los lenguajes corporales, orales y visuales fueron los primeros transmisores de las experiencias colectivas, y la forma más eficaz de heredar los conocimientos para asegurar la sobrevivencia del grupo. Así explicaron (y justificaron) el dominio de un linaje, la fundación del reino y el comienzo de la vida civilizada. El lenguaje escrito jamás fue el más popular o el mejor difundido, aun cuando sí tuvo la función de organizador de los mensajes transmitidos por los otros medios. Este libro revalora el papel jugado por esos lenguajes: reconstruye por primera vez los orígenes de la memoria indígena y esclarece sus formas de transmisión hasta el presente.

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