Sobre la constitución histórica de la ciudadanía y su significado en la actualidad. Teoría y Filosofía Política

 ABOGADO COMPEAN CRISTINA ISABEL G.

  1. Introducción.

 

La idea de que la política debe entenderse sólo a través de una construcción ideal inalcanzable por el hombre que necesita siempre de una suerte de naturaleza humana que es definitivamente inconstruible desde el horizonte en el que nos encontramos hoy ha atravesado dominantemente la filosofía política; desde las propuestas filosóficas que abogan por el reconocimiento de una cierta naturaleza humana que está fundamentada sólo en sí misma y que no responde a ningún contexto político o social, hasta aquellas que imaginan condiciones ideales para el despliegue y uso de los conceptos políticos pensando en una escisión entre las condiciones del despliegue de acción del hombre y las acciones mismas. Es en éste sentido en el que cabe escribir un texto como el que decido escribir, y es aún más pertinente hacerlo inscribiéndolo sólo al concepto de ciudadanía que es, por mucho, uno de los conceptos más discutidos en la filosofía política, esto último no sólo en relación a lo que en la práctica política y democrática sucede sino también como el proceso que se despliega en la práctica democrática de la ciudadanía y la relación que tiene con la filosofía y teoría política que la hace emerger como lo que es hoy.

 

Habría que pensar entonces que el concepto de ciudadanía ni es construido propiamente sólo desde la teoría o filosofía política (aunque también cuenta con una metafísica propia que le hace tener sentido) ni sólo desde la experiencia sino que es producido a la vez por el pensamiento y la experiencia y es sólo en la perfecta unidad de ambos que la cosa resulta en lo que es.

 

El concepto de ciudadanía ha sido un concepto que, como todo concepto que refiere a la política, ha sido construido históricamente a través de la propia acción del hombre; es decir, no ha sido estático ni ha respondido siempre a una clase de concepto ideal al que las construcciones políticas aspiran a llegar. Los conceptos políticos, y en éste caso el concepto propio de ciudadanía, son construcciones conceptuales que responden siempre al entramado conceptual que los hace surgir como tales en su respectivo tiempo histórico y es por ello importante plantear un breve recorrido histórico del concepto de ciudadanía para poder entonces entender desde que horizonte se ha construido este concepto con todas sus rupturas y continuidades. Es importante también decir que el concepto de ciudadano no puede inscribirse a lo que tradicionalmente llamaríamos progreso; si bien el concepto de ciudadano ha ido siempre transformándose no queremos decir con eso que hay un fin último de la ciudadanía que aspiramos construir de manera acabada en algún momento de la historia sino que la construcción de la ciudadanía, como practica y concepto, es un movimiento inagotable que seguirá atravesando la historia humana mientras exista una serie de entramados conceptuales que le permitan emerger sustancialmente como ciudadanía.

 

  1. Breve historia del concepto de ciudadanía.

 

La ciudadanía ha sido producto de un esfuerzo del pensamiento y acción del hombre que ha resultado en el modelo de ciudadano que tenemos en la modernidad. Podemos rastrear el concepto de ciudadanía desde la Grecia Antigua donde la democracia (ya como concepto armado aunque no como una democracia moderna) cobró existencia, según menciona Antonio Horrach en su artículo “sobre el concepto de ciudadanía: historia y modelos”,a través de dos modelos que resaltan: el modelo ateniense y el modelo espartano.

Modelo Ateniense de ciudadanía.

Es importante comenzar diciendo que el modelo de ciudadano en el modelo ateniense era un modelo sumamente limitado del que sólo participaban algunos hombre de la polis; mujeres, niños, esclavos y extranjeros no podían ser inscritos al modelo de ciudadanía de la Atenas antigua pero quienes se encontraban inscritos al mismo eran efectivamente participes de

El modelo ateniense de ciudadanía se caracterizó por la idea de la participación ciudadana como sujeto político reflexivo que incidía directamente en las decisiones de la polis limitando así de alguna manera el poder de quienes gobernaban; esto último no sucedió siempre de esa manera, Atenas y su democracia participativa radical surgieron a partir de diversas reformas políticas hasta culminar con las reformas políticas de Pericles mismas que consistieron mayormente en lograr hacer, en la medida de lo posible dadas las limitantes de la época, que el principio de igualdad fuera verdaderamente efectivo dando peso y representación a las diferentes identidades que habitaban Atenas; con este modelo la ciudadanía quedaba arraigada ya no a la idea de que todo ciudadano tendría que ser participe, de alguna manera, de un movimiento reflexivo que le hiciera ser absolutamente consciente de la totalidad de los problemas y ventajas de la democracia sino que, con la reforma de Pericles, el ciudadano quedaba inscrito a un movimiento de representación efectiva y afianzaba así el sentido de igualdad entre hombres. Aún así la polis ateniense fue entendida siempre como superior a la ciudadanía ya que para ellos su fundamento no se encontraba en ellos mismos sino en la polis que les otorga un sentido de participación política y los reconoce entonces con ciertos derechos propios de la ciudadanía.

 

Modelo Espartano de ciudadanía.

El modelo espartano no fue construido como una democracia sino como una timocracia, ésta consistía en “un sistema mixto que engloba las clases censatarias y la aristocracia” 1, además Esparta vivía bajo una política militar tan grande que convirtió las virtudes militares en las virtudes más importantes para sus ciudadanos. Todo esto provocó que fuera sólo la elite militar la que ocupara el concepto de ciudadanía creando entonces una desigualdad brutal entre los habitantes y relegando a aquellos que no ostentaban virtudes militares; la desigualdad espartana termino por quebrantar su régimen antiguo de ciudadanía debido al desnivel entre quienes eran privilegiados y quienes no.

 

Modelo romano de ciudadanía.

El modelo romano de ciudadanía tuvo diversas transiciones debido a las múltiples conquistas del imperio y a las transiciones entre gobernantes pero aún así ha sido el modelo de ciudadanía que más fuerza cobró a través de la historia. Fue a través de la conversión al régimen del principado que el imperio logró resolver diversos problemas entre ellos el de la unificación de los dos diferentes códigos legales, el que daba sustento político a los ciudadanos romanos y el que refería a los pueblos conquistados.

 

El modelo Romano, a diferencia de los modelos de ciudadanía de la Grecia antigua, tenía un concepto de ciudadanía menos limitado y era, de alguna manera, mucho más incluyente que los anteriores -con esto no quiere decirse que vemos propiamente una línea de progreso lineal y firmemente positiva como decíamos al inicio del texto, sino que, evidentemente existe cierto progreso en la construcción de la ciudadanía pero no por la idea de que exista una razón última e ideal a la que aspiremos alcanzar para construir un buen sentido de ciudadanía sino porque existe una cierta herencia del conocimiento que nos hace reflexionar bajo diversas circunstancias y entramados conceptuales en diversos momentos del tiempo haciendo así que emerja un cierto concepto de una cierta manera- en el sentido en el que la ciudadanía ya no era sólo una condición de protección de élites sino que ahora contaba con diferentes derechos y obligaciones tales como el pago de impuestos en menos cantidad a quienes no calificaban todavía como ciudadanos de la Roma Antigua, votar a los miembros de la asamblea, tener la posibilidad de convertirse en magistrado y de ocular un escaño en la Asamblea.

La condición de ciudadanía era heredada por la vía paterna, de tal manera que cualquier hijo de ciudadano era, automáticamente, un ciudadano más al nacer; ya en el año 338 a.C., y tratando de completar de alguna manera los movimientos Roma construyó un nuevo sentido de ciudadanía para incluir a los habitantes de los pueblos conquistados en una semiciudadanía que no estaba inscrita a los mismos derechos ni obligaciones de la ciudadanía propia de los habitantes romanos. Más adelante, en el año 90 a.C. Fue aprobada la lex Julia misma que otorgaba también una semiciudadanía ahora a los habitantes de la península itálica. Es en todas estas construcciones históricas donde podemos alcanzar a ver la idea del fundamento del ciudadano en un gobierno o régimen que lo hace emerger de cierta manera y moverse en el mundo político bajo ciertas condiciones propias de su emergencia.

 

Cosmopolitismo estoico.

Aunque el cosmopolitismo estoico no fue propiamente un modelo de ciudadanía que haya sido practicado fue un modelo teórico trabajado ampliamente dentro de la filosofía estoica; en este sentido es oportuno destacar que su existencia teórica cobra importancia por su aportación a la construcción teórica de otros modelos de ciudadanía y es por eso que se incluye también en la construcción histórica que se presenta.

 

El proyecto de ciudadanía estoica consistía en una combinación entre política y ética que se fundamentaba en una metafísica estoica que indica que todo ser humano es participe de un mismo logos por lo que, al estar inscritos en un mismo movimiento de la razón, podemos alcanzar una armonía entre acción política y moral. Existen distintos autores que insisten en que el fundamento de la armonía propuesta por los estoicos en la práctica política está sólo en la idea de que la humanidad está inscrita toda en una misma razón pero habría que señalar con más detenimiento las precisiones de esas interpretaciones ya que el alma estoica, en sentido individual, era también uno de los conceptos más importantes y es justo por ello que tenían un importante trabajo espiritual sobre las mismas.

 

Modelo de ciudadanía en la Edad Media.

Después de la caída del imperio romano y del establecimiento del cristianismo comenzaron a formarse gradualmente en Europa una serie de ciudades-estado2 que no estaban adjuntas a la iglesia sino que contaban con una construcción independiente de autoridad. Los modelos de ciudadanía que surgieron en esos pequeñas ciudades-estado era diversos y respondían a las condiciones que estableciera cada entidad de manera autónoma pero, tal vez, lo más importante de estas pequeñas construcciones políticas es la tendencia que tuvieron para adoptar regímenes republicanos y democracias directas.

 

La ciudadanía durante el Siglo XVIII

Durante el siglo XVIII el entramado conceptual en el que se encuentra el hombre se encuentra impregnado de un lenguaje de derechos mismo que emerge a partir de las revoluciones propias del siglo: la revolución francesa y la Americana; me centraré en estas dos ultimas para poder continuar construyendo apropiadamente el concepto de ciudadanía.

 

La revolución francesa.

La revolución francesa fue un movimiento motivado, en gran parte, por la filosofía Rousseaniana que derivó, gracias a las asambleas nacionales, las reformas sobre el voto en Francia y la eliminación de los títulos nobles, en la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano creando así un modelo de ciudadanía que manifestaba rasgos políticamente activos y virtudes cívica; En contraste con los modelos de ciudadanía de la Grecia antigua y de la Edad Media el modelo que resulta de la revolución francesa es un modelo que emerge enteramente apegado al concepto de soberanía nacional dando pie así al comienzo de formación de una democracia representativa y un estado que ejercería formas de poder referentes a las exigencias del pueblo francés.

 

Sobre la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano puede decirse que surgió con y como un nuevo orden jurídico y social que se expresó en derechos de primera generación que el Estado tenía la obligación de reconocer en la ciudadanía. En este sentido el concepto de igualdad cobra una gran importancia en la construcción del modelo de ciudadanía de la época y es, en gran medida, por ese concepto que el modelos funcionará en un sentido institucional.

 

La revolución norteamericana.

La revolución norteamericana tiene una diferencia fundamental frente a la francesa, la de un movimiento de independencia en el que dejan de ser colonia inglesa y se convierten en un ciudadanos estadounidenses pertenecientes a un estado con características propias que derivaron de su constitución de 1789 misma que fue modificada en 1791 a través de las diez enmiendas que le dieron un sentido de representatividad a la ciudadanía estadounidense.

 

Éste nuevo sentido de ciudadanía tenía aun limitante propias de la época que, aunque no calificamos como buenas u apropiadas, responden a un sentido específico que obliga necesariamente al estado estadounidense a darle la categoría de ciudadanía civil a prácticamente todos haciendo todavía una exclusión notoria para asumir con igualdad ciudadana la categoría de ciudadanía política.

 

 

 

 

 

  1. Sobre el sentido de ciudadanía en la modernidad.

 

Como se ha expuesto, el concepto de ciudadanía ha atravesado ya diversas formas de ser y se ha constituido entonces de acuerdo a lo que podía construirse dado el entramado histórico y conceptual en el que se producía cada momento del devenir del concepto aquí tratado y que no son, dentro del sistema que le corresponde a cada una, más que verdaderas y juzgarlas entonces como benignas o no es un juicio que podemos hacer sólo desde el momento histórico en el que estamos instalados; en ese mismo sentido es pertinente ahora hacer un recuento de algunos modelos de ciudadanía que, si bien no funcionan todos en la práctica política, son parte de las construcciones teóricas de la filosofía. Todas estas formas de ciudadanía de la modernidad están formadas por derechos económico y sociales, civiles y políticos que, como hemos visto fueron también un producto del trabajo del pensamiento humano a través de la historia y que podemos ver reflejado en un mejor sentido en declaraciones como la del hombre y el ciudadano que produce la revolución francesa.

 

Haré entonces una breve exposición de dos de los modelos de ciudadanía más importantes que se han propuesto en época moderna: el modelo de ciudadanía liberal y el modelo de ciudadanía republicano.

 

Ciudadanía liberal.

El liberalismo es una doctrina política caracterizada por el énfasis político que sitúa en el individuo; quienes suscriben a esta doctrina afirman que el fundamento del individuo está en si mismo anulando así la importancia del otro en la construcción de la identidad ciudadana y dejando el fundamento de lo políticamente pensando sólo en lo individual.

 

A pesar de ser un modelo de ciudadanía que parece necesaria revisar en sentido metafísico y ontológico es un modelo que ha permanecido durante décadas y, desde el sistema liberal en el que se ubica, cuenta con una serie de características que enumeraré a continuación:

 

-Libertad: “el liberalismo entiende la libertad como la no interferencia del Estado con respecto a la voluntad soberana del individuo. A este tipo de libertad se le conoce como “libertad negativa”. Se entiende que únicamente es el individuo el ente que puede llevar a cabo el ejercicio de la libertad efectiva.”3

 

-Individualismo: es la manera en que la ciudadanía liberal garantiza la prevalencia del bien individual sobre el bien común, dando al Estado un carácter instrumental que construye un ámbito político para el ejercicio de las libertades individuales que son el garante que previene la tiranía de la mayoría.

 

-Neutralidad del Estado: la neutralidad del estado es una de las características más importantes de la ciudadanía liberal ya que es en ésta en la que se hace una distinción clara entre las cuestiones éticas y/o particulares y aquellas que conciernen al ámbito público; esta distinción es imprescindible en el liberalismo ya que es una de las articulaciones a través de las cuales el sentido del fundamento de lo individual en lo individual mismo cobra más sentido dejando así al Estado como un ente político instrumental y no como una construcción propia de la ciudadanía.

 

Ciudadanía Republicana.

El modelo de ciudadanía republicana surge como alternativa al liberalismo clásico, aunque varios autores se inclinan a proponer un modelo mixto. Acepta, a diferencia del republicanismo clásico, moldear sus tesis respecto a la modernidad aceptando al idea de libertad como un enlace que fundamenta el sentido de ciudadanía individual en la existencia dela comunidad, lo que permite al individuo ejercer sus fines sólo mientras se encuentre inscrito, construido y fundamentado en la idea de una sociedad. Se desarrolla en ella la libertad positiva y se procura la educación civil y política de la ciudadanía.

1 Horrach Miralles, Juan Antonio; sobre el concepto de ciudadanía: historia y modelos; revista de filosofía factótum no. 6; 2009; p.5

2 Miralles, Juan Antonio; sobre el concepto de ciudadanía: historia y modelos; revista de filosofía factótum no. 6; 2009; p.10

3 Horrach Miralles, Juan Antonio; sobre el concepto de ciudadanía: historia y modelos; revista de filosofía factótum no. 6; 2009; p.14


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CRISTINA ISABEL G. ABOGADO COMPEAN

Licenciada en Filosofía y estudiante de la maestría en Filosofía política Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa.

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